A pesar de no montar un caballo «top», sus triunfos en clásica van en ascenso.
Pero esta es solo una faceta de su experiencia en el mundo del caballo, en el que se inició con 8 años a base de ilusión y constancia, «con un vetusto cepillo».
Ha hecho doma vaquera, menorquina y espectáculos, ha aprendido con grandes profesionales, hierra a sus caballos y, lo que más nos gusta, los cuida con auténtica devoción y sabiendo muy bien lo que hace.
Juan Quetglas es otro de esos clientes que ya consideramos uno más de la familia Covaza.

Juan, cuentas con un importante palmarés en clásica. Con tu caballo ED-K, estás a las puertas del Gran Premio, y ya te está dando muchas satisfacciones…

Sí. Empecé con él a la edad de 5 años y lo debuté en potros de 6 años, en varios concursos territoriales, nacional… y conseguí quedar campeón de Mallorca y Baleares esa misma temporada.

ED-K está en muy buena forma actualmente y, con el método de entrenamiento que seguimos, esperamos todavía bastante más de él.

Ganar concursos, algún campeonato y demás, es algo que nunca pensábamos que iba a ocurrir, más aún cuando yo no me dedico a la doma profesionalmente. Así que el hecho de pasar a profesionales con mejor puntuación y, en mi opinión, con mejores ejemplares, me hace sentir muy orgulloso de mi caballo.

¿Lo dices porque ED-K no es un caballo de los considerados top?

Sí. Pero, a pesar de eso, y de que no desciende de las líneas deportivas con las que se crían actualmente, sí que puedo asegurar que es un caballo de los que decimos que es todo corazón.

Siempre ha estado muy receptivo a todo lo que le he ido enseñando, de acuerdo a su edad y entrenamiento. Tiene sus limitaciones, pues es un KWPN, pero de línea Tuigpaard, que eran cruces de las yeguas holandesas con sementales Hackney americanos. De hecho, una hermana suya de padre era miembro de la Selección francesa de doma en la Copa del Mundo. La yegua Lianca, montada y entrenada por Constance Menard, que la llevó a competir con los mejores del mundo.

Comentabas que no eres un profesional de la hípica, pero los resultados sí lo son.

Sí, soy simplemente un aficionado apasionado, siempre intentando sumar al conocimiento. Haber realizado clínics con un jinete olímpico, Rafael Soto, con su hermano Pedro Soto, entrenadores como Vicente Rotger, Miki Jordá, María Albiñana Ignacio Bravo y más, me ha ayudado mucho, pues de todos ellos siempre he aprendido muchas cosas, y además de brillantes profesionales son bellísimas personas.

Y ahora, además, entrenas con Guillermo Barceló, jinete de «Es Revellar Des Cavalls». Un entrenador con muchos éxitos a sus espaldas. ¿Contento?

Mucho. Haber conocido a Guillem Barceló ha sido un revulsivo en todos los aspectos. A lo largo de los años, he tenido la suerte de conocer a algunos de los mejores jinetes y entrenadores del momento, como te comentaba. Pero con Guillermo es otra historia: tiene una visión y una manera de explicar lo que quiere ver en el caballo que al principio me resultó un poco complicado, pero, con su forma de transmitirte cómo lo has de hacer, empleando la lógica en todos los ejercicios, te das cuenta del conocimiento brutal de la materia que posee.

El haber estado tantos años trabajando fuera (con Beatriz Ferrer Salat, Benjamin Werndl y Jessica Werndl, la gran Isabell Werth…), hace que pueda sacar al caballo lo mejor de sí. A Guillermo le debo la fantástica progresión de mi caballo, sin duda. Y pienso que he tenido muchísima suerte de poder aprender de él.

Estamos hablando de clásica, pero tú has practicado doma vaquera y menorquina, y has organizado espectáculos ecuestres. Muchos palos. ¿Qué te aporta cada uno?

Siempre me ha gustado la doma vaquera bien hecha. Me quedo impresionado cuando veo algún campeonato o exhibición. Es verdad que la practicaba de joven, pero en aquellos años no había la información de la que disponemos hoy día. Se trataba más de echar una montura vaquera, bocado, media caña y «tirar palante”. A mis 13 años, practicaba lo que podía ver, con caballos prestados, aunque para mí era algo muy grande.

¿Y la menorquina?

Mi incursión en esta doma vino porque en el pueblo donde resido se veía mucho en las fiestas, igual que en las de Menorca, y en las ferias siempre se realizaban espectáculos en los que había ese tipo de números, que me atraían bastante.

Tuve un caballo joven, al que yo mismo domé, y realizaba números de espectáculos con él, tanto a la vaquera con garrocha, como un carrusel de doma menorquina.

Romeo, que así se llamaba el caballo, era un crack. Hacía de todo. Antes de que falleciera por un atragantamiento, ya lo montaba en el picadero sin cabezada, simplemente con las piernas. Gran caballo, del que guardo un gran recuerdo.

No nos extraña. Cuéntanos más sobre esos espectáculos.

Con la asociación local de caballistas, empecé a diseñar algunos espectáculos para ir por las ferias de los pueblos. Como te decía, números de doma vaquera, carruseles de doma menorquina, pases de riendas largas, números cómicos con burros o ponis, etc. Escribía los guiones, las presentaciones, preparaba las distintas músicas, vestuarios, los carruseles… Siempre con ayuda de mis compañeros, pero es mucho trabajo que te quita mucho tiempo propio y lo dejé, aunque a día de hoy todavía se siguen organizando.

No te podría decir cuál me gustaba más de todas estas experiencias, porque de todas aprendí y todas suman. Todo lo que haces con ilusión siempre te enriquece. Lo puedes hacer mejor o peor, pero que nunca quede el no haberlo vivido.

Sin duda. Juan, por lo que nos cuentas, tu trayectoria en el mundo del caballo viene de lejos. ¿A qué edad se remonta?

El pueblo donde nací, El Arenal, siempre tuvo aquellos ranchos en los que se alquilaban los caballos para las excursiones. De mi casa al rancho había 5 minutos a pie y, desde muy niño, a través de la ventana de mi habitación, veía a los turistas salir en grupo con los caballos los fines de semana. Eso me llamaba mucho la atención y me provocaba mucha curiosidad.

Con 8 años, empecé a ir al rancho «Can Verdera» con un amigo mío. Fuimos y preguntamos simplemente si podíamos cepillar a los caballos y, al darnos permiso para coger aquel viejo y vetusto cepillo, empezó mi afición por los caballos.

No es un mal comienzo. ¿Cómo siguió la historia?

Luego ayudamos a limpiar cuadras, aunque casi no podíamos con la carreta… Colocábamos monturas y les dábamos de comer, pero, eso sí, mis padres, cada vez que notaban que olía a caballo, me regalaban una bronca, un castigo y alguna que otra galleta (risas). Pero yo, momento que podía, vacaciones de escuela, fines de semanas, lo que fuera… ¡al rancho como una bala!

Gracias a esos trabajillos, en el rancho me dejaban salir con algún grupo una vez por semana, y esa hora de montar un poni a pelo, era para mí mejor que ningún juguete de Reyes.

Volvamos al presente. ¿Tienes algún caballo más aparte de ED-K?

Actualmente tengo un PRE joven, de cinco años, que, por diversas circunstancias, lo he empezado hace poco. Nació en casa de un amigo y con 6 meses lo puse junto a ED-K en el terreno. Ambos viven en libertad, en unos 6.000 metros cuadrados. El hecho de no estar estabulados hace que los caballos sean siempre caballos.

Este ejemplar todavía está en fase de doma básica. Poco a poco iré viendo si saldrá en clásica o en otra modalidad, no tengo prisa.

¿Cómo es tu relación con ellos?

Tienen un vínculo creado conmigo como si fuera otro más de su manada, pues también conviven con un burrito y dos ponis que tengo, para su retiro, después de que se emplearan para dar clases a niños.

Desde hace 10 años, empecé a herrar mis propios caballos, pues como te habrás dado cuenta soy muy curioso en muchas cosas, y también lo hago como un reto.

Herrar no es cualquier cosa…

No. Todo empezó porque tenía un caballo que, cuando lo aguantaba para herrar, daba sacudidas y costaba mucho. Un día, un compañero me dijo que si no podía aguantar mi caballo para herrar, que lo vendiera y me dedicara a otra cosa. Con el tiempo demostré que se equivocó, puesto que con tesón y trabajo todo se consigue.

En tu caso la máxima es cierta. Cuéntanos qué rutina de ejercicios y entrenamiento sigues con tus caballos.

El entrenamiento normal es simplemente trabajo base, ejercitar, muscular, puesta en mano, y a partir de ahí, cuando tienes que enseñar o practicar algún ejercicio, les es mucho más fácil ejecutarlo.

Creo que empezar con aires para los que el caballo no está preparado es un error, pues le vas a pedir algo que realmente no puede ejecutar con tranquilidad y armonía. Si pretendes tener resultados tan pronto… los problemas vendrán más adelante.

Paciencia y constancia. ¿Qué nos puedes contar de la alimentación que les proporcionas?

Poder sembrar yo mismo el cereal me da la posibilidad de que sea ecológico, así como mezclar y elegir entre avena, heno y algo de cebada para tener una garba apetitosa para ellos, aparte de un pienso de calidad, equilibrado en nutrientes, vitaminas y proteínas, que contribuye a que siempre estén saludables.

La pregunta es inevitable. Tus caballos consumen piensos Covaza. ¿Satisfecho?

Mucho. Desde que cambié a Sport Performance de Covaza, ED-K ha hecho un cambio visible, en cuanto a estilización, resistencia y esa potencia que necesita un caballo de competición. Anteriormente, no le llegaba a encontrar ese punto ideal que yo quería, pero ahora lo estoy consiguiendo con este tipo de pienso.

Siempre he leído u oído, tras preguntar e informarme, que un pienso de calidad reduce el costo y la cantidad, y que aumenta la resistencia física, además del aspecto general del caballo. Y ahora lo puedo constatar. Covaza es una línea de piensos muy equilibrados y muy aconsejables para quien busca la máxima calidad de nutrición en sus caballos, tanto a nivel deportivo como de ocio, cría, etcétera.

Estamos muy orgullosos de que una persona con un conocimiento tan integral de los caballos confíe en nuestros piensos.
Juan, cada una de tus respuestas destila pasión por los caballos. ¿Qué significan para ti?

Los caballos en mi vida son parte de mí mismo. Me encanta leer a los clásicos, como Baucher, Oliveira, Fillis… Cualquier buena publicación siempre es idónea para empaparse de conocimiento, así como relacionarte con muchas personas del mundo del caballo.

Cuando mi trabajo me lo permite, me vuelco en ver reportajes, concursos… sobre caballos, con mi esposa y mi hijo. Ellos ya saben que lo llevo dentro desde niño, y eso no se despega nunca de tu vida. Sería muy afortunado si, hasta el día en que me mantenga en pie, puedo seguir montando y estando con caballos. Así es mi afición.

Una entrevista extensa, pero creemos que merece la pena todo lo que nos cuentas.
¿Alguna reflexión más que quieras compartir con nuestros lectores?

Sí. Actualmente tenemos una generación de jinetes muy muy buenos, bien formados y con muchas ganas. El nivel en España es muy alto. Cada día hay mejores caballos, mejores ganaderos dedicados a la cría para la doma, y eso hace que no decaiga la afición entre los más jóvenes.

Es cierto que es un deporte caro, minoritario, y no se ayuda prácticamente a potenciarlo, como sí se hace con otros, siendo, como es, el más bello de todos. Creo que las administraciones se deberían volcar un poco más en apoyar al mundo hípico. De todos es conocido el impacto económico brutal que produce, y que con estos convulsos tiempos de crisis está más olvidado que nunca.

En Europa, Alemania, Holanda y Bélgica, por ejemplo, es una industria de interés nacional, que genera miles y miles de puestos de trabajo que refuerzan una economía puntera, mientras que aquí, en España, está, por decirlo de alguna manera, dejada de la mano de las administraciones.

Pues aquí queda esta reivindicación que esperemos no caiga en saco roto.
Juan, muchas gracias por tu tiempo y por compartir con nosotros tus valiosas experiencias y reflexiones.

A vosotros.