Caballo bebiendo en el río La hidratación de nuestros caballos es uno de los aspectos más importantes que debemos vigilar siempre,y especialmente durante los meses de calor, puesto que de su control dependerá en gran medida el bienestar y salud de nuestros animales.

Sabemos que entre el 65% y 75% del organismo de un caballo adulto está compuesto por agua, mientras que en potros es algo mayor, entre el 75% y 85%. Esto nos da una idea de lo importante que es mantener en unos niveles adecuados la hidratación de los caballos.

El agua es sencillamente indispensable para la vida; de hecho un ser vivo puede resistir muchísimos más días sin comer que sin beber.

Las necesidades de agua de los caballos dependen de varios factores, como la temperatura y humedad del ambiente, el nivel de ejercicio (y, por tanto, de sudoración), la dieta que recibe y, en caso de yeguas en cría, la producción de leche.

  • Necesidades de agua

En términos generales y en condiciones normales de mantenimiento, un caballo adulto necesita unos 5 litros por cada 100 kg de peso vivo. Si tomamos como referencia el consumo de alimento diario, el caballo consumirá unos 2 litros por cada kilo de ración de alimento.

Este consumo de agua aumenta a 3 litros por cada kilo de ración diaria en potros y en caballos adultos sometidos a trabajo en ambiente caluroso, y sigue aumentando a 4 litros por kilo en yeguas lactantes.

  • ¿Cómo hidratar correctamente?

Agua

Los caballos deben tener acceso continuado y sin restricciones (salvo casos especiales) a agua limpia y fresca, en recipientes limpios, libres de polvo, restos de comida, por supuesto de heces y, cómo no, de animales muertos.

La revisión diaria de estos recipientes es de obligado cumplimiento. Además, debemos rellenarlos varias veces al día para que el agua sea lo más reciente posible.

En caballos estabulados con bebederos automáticos, debemos revisarlos diariamente también, limpiándolos rigurosamente y comprobando que funcionan correctamente.

Especial cuidado hay que tener en las cuadras donde el circuito es exterior y está expuesto al calor del sol, ya que el agua llega al bebedero a una temperatura muy elevada y es rechazada por los caballos.

El agua debe mantenerse en unos márgenes de temperatura. Diversos estudios realizados demuestran que los caballos prefieren el agua a una temperatura entorno a los 10ºC-14ºC.

Alimento

En función del contenido en agua que posea el alimento, nuestro caballo tendrá mayores o menores necesidades de agua.

Si el alimento se compone de forrajes verdes cuyo contenido en humedad es elevado (60%-80%), las necesidades de agua serán mucho menores que si la dieta se compone fundamentalmente de alimentos secos (piensos y forrajes deshidratados –pajas de cereales, alfalfas henificadas o deshidratadas artificialmente- y henos, con un contenido hídrico entre el 12% y menos del 20%).

Una vía de hidratación fantástica en verano es la pulpa de remolacha remojada. Este alimento, además de suponer una magnífica fuente de fibra, si la tenemos a remojo unas 10-12 horas aportará  de entre 3 y 5 veces su peso en agua, lo cual le hace ser un alimento digestivamente seguro e hidratante.

En cualquiera de nuestros pellets podremos –durante el verano en cada toma- añadir agua fresca con el fin de hacer más apetente el pienso y aportar agua a nuestro caballo.

Es importante también, para estimular la hidratación, suministrar a los caballos bloques minerales que contengan altos niveles de cloro y de sodio, además de la utilización de piensos donde estos dos minerales fundamentales estén controlados y asegurados.

Manejo y alojamiento

Si los caballos están en libertad o semilibertad, es conveniente que dispongan de alguna sombra.

Si están estabulados, deberemos mantener una temperatura interior adecuada y aportarles una buena ventilación. Una opción en días de calor sofocante es instalar ventiladores en los pasillos de los boxes para que haya una permanente renovación de aire.

Debemos ser conscientes de que los caballos, a pesar de su aparente fortaleza, son extremadamente sensibles a las elevadas temperaturas y ambientes húmedos, por lo que todos los medios que pongamos para controlar estos dos factores nos ayudarán a evitar problemas derivados de una deshidratación.

Además, y aquí conviene insistir, la limpieza de los bebederos y cubetas también son una práctica sencilla de manejo que nos evitará dicho problema.